Paganeo.net
Sirviendo a la comunidad neopagana
Samhain
Por: JangelortDec 7, 2007
Al mirar mi casillero de correo electrónico un título me llamó la atención: “Celebración pública de Samhain (Caracas-Venezuela)”.
En el mensaje se hacía la invitación para asistir a un sabbat el sábado 3 de noviembre de 2007, en el Parque Las Brujas. El acto tenía el respaldo de la Unión Neopagana Venezolana (UNV), conformada por Lobos de Medianoche, Wiccazul, Wiccanos Venezolanos y Seax-Wicca de Venezuela.
Solamente Wiccanos Venezolanos y Wiccazul eran nombres que me resultaban conocidos, en particular este último ya que con la fundadora y moderadora de esa comunidad había tenido en el pasado unos pocos contactos vía e-mail.
Mi hija, por su parte, también recibió la misma invitación, coincidiendo el interés de ambos para asistir a esa ceremonia. Como practicantes solitarios que hemos sido, habíamos llegado al punto en el cual se siente la necesidad de conocer a otros wiccanos y esta era una magnífica oportunidad. Ella entró en contacto con el firmante de la invitación para que le explicara la ubicación del parque en cuestión, cosa que éste hizo remitiendo unos planos que él mismo dibujara.
Llegado el día señalado mi yerno nos llevó en su auto al referido Parque Las Brujas, un sitio con mucha vegetación y aspecto boscoso con elevados árboles. Aquella tarde el cielo estaba parcialmente nublado, habiendo bastante humedad en el ambiente. Guiándonos por el plano recibido dimos con el lugar exacto de la reunión donde ya se encontraban unos jóvenes que también participarían en la ceremonia y que se identificaron como miembros de unas comunidades hermanas.
Tras las auto-presentaciones de rigor empezamos a departir un poco con los jóvenes que nos precedieron en la llegada al sitio. Así conocimos a Carmen, una hermana a la que le enviaron los mismos planos e instrucciones para acceder al parque, quien provenía del otro extremo de la ciudad. También estaba allí una jovencita que había llegado del interior del país especialmente para asistir a este Samhain y que esa misma noche, después de la ceremonia, debía abordar un autobús para volver a su ciudad de origen… Poco después llegaron otros muchachos a integrarse al grupo. A mi hija y a mí nos admiró la presencia de gente tan joven involucrada con el wiccanismo; algunos se comportaban de tal manera que parecían ser veteranos de estas lides. No faltaba el buen humor y entre ellos había uno con lentes que se terció una capa sobre los hombros y sacó a relucir una varita mágica, corriéndose el comentario de que eso era lo que le faltaba para parecerse a Harry Potter.
Desde mi llegada percibí en varias oportunidades una ligera sensación de escalofríos a mi costado derecho, en especial cuando algunos presentes pasaban cerca de mi. ¿Halo magnético de algunos hermanos? ¿Telurismo? ¿Presencias del mas allá? Realmente no sabría qué responder, pero algo había.
El grupo fue creciendo paulatinamente con la llegada de otras personas, algunas de las cuales advertían que el tráfico automotor y la lluvia en algunos sectores de la ciudad estaban dificultando la oportuna llegada de quienes dirigirían la ceremonia. Afortunadamente la pareja sacerdotal esperada logró hacer acto de presencia con tiempo suficiente para iniciar el rito a la hora señalada. Después de organizada toda la parafernalia requerida, la sacerdotisa y el sacerdote dieron inicio al culto consagrando el agua y la tierra… Pero el acto fue interrumpido a causa de una lluvia desatada en ese momento. Algunas personas se vieron en la necesidad de retirarse ya que habían llevado niños de brazos. Cada quien se guareció como pudo. La lluvia incrementó su pertinacia. La contrariedad se manifestó en los asistentes y los que quedamos, tal vez un par de decenas o más, estuvimos de acuerdo en esperar a que amainara la lluvia. Yo me salí de bajo el paraguas donde estaba con Carmen y mi hija y alcé mi mano derecha para poner en práctica un rechazo de lluvia con la técnica psicotónica aprendida tiempo atrás.
-¡No hagas eso!… ¡No interfieras con la naturaleza! -me reclamó mi hija-.
-Yo también soy naturaleza -respondí-.
Su inquietud se serenó cuando observó que otros hermanos hacían algo con la misma intención. El brujo Poseidón, que junto conmigo éramos los de mayor edad allí presentes, también aportó lo suyo. Poco después la lluvia amainó y se reorganizó el círculo reiniciándose el rito y cumpliéndolo a cabalidad.
Algunos de los jóvenes cantaron y danzaron para proyectar el cono de poder y el buen humor salió de nuevo cuando finalizada la danzo alguien palmeó un poco y dijo:
-¡Or..quí…dea! ¡Or…quí…dea! -haciendo alusión al premio “Orquídea” que se otorga al ganador en un festival musical hecho en el país-.
Me produjo muy grata impresión la actitud sacerdotal de los oficiantes, especialmente la sacerdotisa Samantha The Witch, cuya delgada y joven figura envuelta en la túnica ritual proyectaba mucha serenidad a través de sus ademanes suaves, la dulzura de su voz y una gran sencillez, aunados a la seguridad del conocimiento de lo que hacía… Todo ello sin opacar el quehacer del sacerdote Fénnix Assenir quien también manifestó actitudes similares.
Terminada la ceremonia y puesto que teníamos algunas obligaciones familiares que atender, nos vimos precisados a retirarnos sin compartir el festín como era nuestro deseo pero llevando en nuestras mentes y corazones el encanto de aquella ceremonia y las palabras mágicas finales de nuestros ritos: “Felices nos encontramos y compartimos. Felices nos despedimos. Felices volveremos a vernos”.