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Nuestros Hijos
Por: Fuwoth WulfhweitsMay 16, 2007
Vivimos en un mundo particularmente difícil para criar a nuestros hijos. Diariamente, ellos se enfrentan a un bombardeo de situaciones, que representa un ataque a los valores éticos y morales.
En mi caso personal, soy madre de un pre-adolescente, etapa en la cual son sumamente curiosos y abiertos. Mi hijo lleva toda su vida viendo un altar con Dioses que no tienen nada que ver con lo que sus amigos pueden tener en sus casas. Participa en algunas de las ceremonias religiosas y le encanta ayudarme en la preparación de inciensos.
En algunas ocasiones he sido criticada por algunas hermanas de camino, porque le permito a mi hijo participar en mis prácticas religiosas. Para mí, quienes me critican por ello, son personas que se empeñan en ocultar su sentimiento religioso como si fuera una grave enfermedad. Muchas veces me pregunto: ¿por qué para algunos es necesario ocultar su religiosidad?
¿No somos acaso nosotros los responsables de la educación primaria y básica de nuestros hijos? ¿No somos responsables de mostrarle los verdaderos valores? Por lo menos, en el currículo de la escuela de mi hijo, jamás he visto incluido ni la lealtad, ni la hospitalidad, el honor, confianza... ni la perseverancia... Hay unos muy tenues rasgos de disciplina, laboriosidad... por razones más que obvias. Pero una continuidad de nuestros verdaderos valores y de una transmisión cultural o religiosa... no existe.
Es con nuestro ejemplo y conversando con ellos, que logramos hacerlos reflexionar sobre, como un camino donde falta el coraje para decir la verdad, puede llevar a una vida de equivocaciones.
El ser padres no es tarea fácil... el ser un padre con un camino espiritual, podría complicar aún más las cosas. Pero no podemos ocultar lo que somos ni lo que vivimos ante ellos, mucho menos privarlos de un crecimiento espiritual saludable.
Si más adelante escogen un camino distinto al que hemos llevado, también seamos valientes, y démosle nuestra bendición sin juzgarlos. Porque aún así, nunca olvidarán los hermosos valores que les enseñamos. No olvidarán que un ser humano valiente, honesto, honrado, leal, disciplinado, hospitalario, lleno de confianza y perseverante; es un ser humano noble y que no tiene que bajar la cabeza ante nada. Si le dan continuidad a nuestro camino, tendremos un ser humano con valores sólidos para sacar la cara por sí mismo. Un ser humano que continuará abriendo brecha para que también sus hijos y las próximas generaciones puedan disfrutar de su espiritualidad.
No estamos para ver a nuestros hijos, ir hacia un desastre espiritual. Tampoco tenemos porqué ocultar ante sus ojos lo que somos y la hermosura de lo que vivimos. Todo lo contrario... no seamos egoístas con nuestros conocimientos y aportemos al crecimiento espiritual de nuestros hijos.